Zaragoza: carril bici en Pedro Cerbuna, la reclamación que reabre el debate en el campus 29 ago 2025

Zaragoza: carril bici en Pedro Cerbuna, la reclamación que reabre el debate en el campus

Qué piden y por qué vuelve el debate

Colectivos ciclistas de Zaragoza han vuelto a poner sobre la mesa un viejo asunto: habilitar un carril bici en la calle Pedro Cerbuna, en pleno corazón del campus San Francisco. La propuesta no es nueva, pero gana fuerza con el arranque del curso y el aumento de desplazamientos diarios de estudiantes, personal universitario y vecinos del entorno.

La petición busca una conexión clara y continua entre el área universitaria y la red ciclista existente, sin rodeos ni tramos inseguros. Hoy, quien pedalea entre Plaza San Francisco, Ciudad Jardín y las facultades se encuentra con trayectos fragmentados, cruces con tráfico intenso y tramos donde la bicicleta comparte calzada con coches y autobuses urbanos.

Los colectivos apoyan su demanda en tres ideas sencillas: seguridad, coherencia de red y comodidad. Seguridad, porque la calle concentra movimientos a primera y última hora del día y la convivencia con el bus genera adelantamientos y roces. Coherencia, porque un corredor universitario sin tramo propio obliga a atajos por calles secundarias. Comodidad, porque un itinerario directo reduce tiempos y evita conflictos en las aceras.

Vecinos y estudiantes señalan, además, que el auge de la micromovilidad —bicicletas y patinetes— ha cambiado la foto. Los recorridos que antes absorbía la calzada ahora se reparten entre calzada y acera, con la consiguiente fricción. Un trazado segregado ayudaría a ordenar esos flujos y a clarificar por dónde debe ir cada modo.

La calle Pedro Cerbuna tiene otra particularidad: concentra accesos a facultades, zonas de carga y descarga y pasos peatonales muy usados. Cualquier solución, avisan los colectivos, debe calmar el tráfico en los cruces, proteger a quien gira a derecha e izquierda y dar continuidad en las intersecciones, donde se producen la mayoría de sustos.

El entorno ya dispone de estaciones del servicio público de bicicleta y de tramos ciclistas próximos, pero la continuidad falla en el eje del campus. Para quienes empiezan a usar la bici, ese detalle importa. Un novato tolera mejor un pequeño rodeo si está claro y señalizado que un salto al tráfico general sin referencias.

Qué se propone, qué condiciona y cómo se podría ejecutar

Sobre la mesa hay varias opciones técnicas que Zaragoza ya ha probado en otros barrios y que podrían adaptarse a Pedro Cerbuna. La primera, un carril unidireccional por cada sentido, segregado con balizas y pintura, aprovechando el espacio de estacionamiento actual. La segunda, un carril bidireccional en una sola banda, que reduce cruces pero exige buen diseño en intersecciones. La tercera, un “ciclocarril” 30 reforzado, con prioridad ciclista y calmado de tráfico, como solución intermedia si el espacio es muy limitado.

El gran condicionante es el reparto del espacio: carriles de circulación, paradas de bus, carga y descarga, y arbolado. En un área con uso universitario y sanitario cercano, también cuentan los giros de ambulancias y los radios de autobuses. Por eso, técnicos municipales suelen empezar con aforos de tráfico y mapas de bordillo para medir cada metro disponible antes de trazar en plano.

Los colectivos sugieren una intervención por fases. Primero, una actuación rápida y reversible: pintura de alto contraste, separadores de caucho y señalización vertical. Sirve para testear la demanda, ajustar detalles y medir impactos en el bus y el coche. Después, si funciona, consolidar con obras ligeras: bordillos bajos, plataformas en cruces y mejor pavimento, priorizando los puntos negros.

Para reducir conflictos, proponen además: intersecciones protegidas en los giros a derecha, semáforos con fase adelantada para bicis, pasos peatonales sobreelevados en accesos a facultades y aparcabicis visibles en las entradas. No es cosmética: son pequeños cambios que evitan maniobras bruscas y mejoran la lectura de la calle.

  • Conectar el eje universitario con itinerarios próximos, evitando “finales en embudo”.
  • Garantizar continuidad y señalización clara en ambos sentidos.
  • Mantener paradas de bus seguras, con plataformas que separen bien viajeros y bicis.
  • Refuerzo de control y calmado de velocidad en horas punta.

Queda la pregunta de siempre: ¿qué pasa con el aparcamiento? En calles universitarias, la rotación es alta y la presión, real. La respuesta que se ensaya en muchas ciudades es doble: liberar tramo crítico para el carril ciclista y compensar con estacionamiento regulado en calles adyacentes, además de fomentar aparcamientos de bicis seguros dentro de los campus para desincentivar el coche en distancias cortas.

En el plano procedimental, el Ayuntamiento suele abrir consultas públicas y mesas con universidad, vecinos, comercio y operadores de transporte antes de fijar la solución. Un piloto de seis meses con evaluación trimestral permitiría medir seguridad, tiempos de bus, ocupación del viario y aceptación social. Si los datos acompañan, se pasa a proyecto definitivo.

El coste de una actuación rápida es moderado comparado con una obra de urbanización completa y, como ventaja, se puede ajustar sobre la marcha. Para un entorno tan sensible como el universitario, esa flexibilidad es clave: lo que no funcione, se cambia; lo que mejore la seguridad, se consolida.

El fondo del debate es sencillo: dar cabida a más desplazamientos sostenibles sin romper el equilibrio del barrio. Con un diseño claro, continuidad real y pruebas medibles, Pedro Cerbuna puede dejar de ser un punto ciego de la red y convertirse en un corredor docente bien conectado con el resto de la ciudad.