La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha puesto en marcha una ambiciosa ofensiva diplomática y comercial para atraer capitales extranjeros al sector energético. Durante las últimas semanas de febrero de 2026, Rodríguez mantuvo una serie de reuniones estratégicas con gigantes petroleros globales para reactivar proyectos de gasificación y fomentar la inversión privada, en lo que supone un giro drástico y sorprendente respecto al control estatal férreo que caracterizó al chavismo durante décadas. Este movimiento no es solo económico, sino una señal política clara: Venezuela busca desesperadamente reintegrarse en los mercados energéticos globales.
El núcleo de esta nueva estrategia se centró en el polémico Proyecto Dragón. Para ponerlo en perspectiva, estamos hablando de un campo de gas marino con reservas estimadas en 4,5 billones de pies cúbicos y una capacidad de producción que podría alcanzar los 525 millones de pies cúbicos diarios. El problema es que este proyecto, situado cerca de la frontera marítima con Trinidad y Tobago, estaba congelado desde octubre de 2025. Aquella vez, Nicolás Maduro rompió los acuerdos energéticos con el país insular debido a que Trinidad apoyó el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe. Ahora, el tablero parece haber cambiado.
El regreso de Shell y la apuesta por el gas
El jueves 26 de febrero de 2026, el Palacio de Miraflores en Caracas fue el escenario de un encuentro clave. Delcy Rodríguez se sentó con la cúpula de la petrolera británica Shell para evaluar la viabilidad de retomar el mencionado Proyecto Dragón. En la mesa estuvieron figuras de peso como Adam Lomas, vicepresidente regional de la compañía, y Cederic Cremers, vicepresidente de Gas Global.
Resulta curioso que Shell, una empresa con más de un siglo de historia en Venezuela que terminó vendiendo todos sus activos en 2019, esté de vuelta en la ecuación. La llave de este regreso ha sido una licencia otorgada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que permite a Shell y otras cinco multinacionales realizar transacciones con el petróleo venezolano, el cual ha estado bajo embargo desde 2019. La reunión, transmitida por VTV, contó también con la presencia de Héctor Obregón, presidente de PDVSA, subrayando la coordinación entre el ejecutivo y la estatal petrolera.
Una apertura sin precedentes para el sector privado
Pero la estrategia de Rodríguez no se limitó a las grandes corporaciones. El viernes 27 de febrero, la presidenta interina lideró un encuentro masivo en el salón Simón Bolívar de PDVSA La Campiña. No fue una reunión pequeña: asistieron más de 230 empresarios del sector petrolero. El objetivo era directo: estimular la inversión privada y extranjera en los hidrocarburos.
En el evento se hicieron presentes representantes de la Cámara Petrolera de Venezuela y la Asociación Venezolana de Hidrocarburos, además de grupos como PetroPymi y ASOQUIM. Aquí es donde se nota la ruptura con el modelo anterior. Ya no se trata solo de contratos estatales opacos, sino de atraer a inversores en Contratos de Participación Productiva y socios de empresas mixtas. Básicamente, Venezuela está abriendo la puerta que el chavismo mantuvo cerrada durante veinte años.
Alianzas europeas y el visto bueno de Washington
El camino hacia esta apertura comenzó más temprano en el mes. El 5 de febrero de 2026, Rodríguez se reunió con directivos de la española Repsol y la francesa Maurel & Prom. Repsol, que lleva más de 30 años con una presencia estratégica en el país, envió a José Carlos de Vicente Bravo y Luis García para coordinar los siguientes pasos. Por su parte, Olivier Cleret, director de Maurel & Prom, buscó establecer alianzas para fortalecer la producción de crudo.
Lo más llamativo de todo este proceso es la supervisión estadounidense. El interés de Washington es evidente. Durante febrero, Rodríguez recibió en Miraflores al Secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright. Juntos visitaron campos petroleros de Chevron, lo que indica que EE. UU. no solo está permitiendo las inversiones, sino que quiere supervisar de cerca cómo fluyen esos capitales y quiénes los gestionan.
Datos clave de la nueva era energética
- Reservas del Proyecto Dragón: 4,5 billones de pies cúbicos.
- Capacidad proyectada: Hasta 525 millones de pies cúbicos diarios.
- the Empresas clave involucradas: Shell, Repsol, Maurel & Prom y Chevron.
- Hito legislativo: Reforma de la ley de hidrocarburos aprobada por la Asamblea Nacional para permitir exportaciones de crudo.
- Participación empresarial: Más de 230 líderes del sector reunidos el 27 de febrero.
¿Hacia dónde va Venezuela?
El cambio de rumbo es palpable. Delcy Rodríguez ha declarado que Venezuela está "decidida a convertirse en una potencia energética", pero sabe que no puede hacerlo sola. La apuesta por el "ganar-ganar" y la cooperación con el sector privado es la única vía para rescatar una industria que ha colapsado por la mala gestión y las sanciones.
A corto plazo, la gran duda es si el Proyecto Dragón logrará despegar realmente después de la crisis diplomática con Trinidad y Tobago. Sin embargo, la reforma de la ley de hidrocarburos ya ha sentado las bases legales para que el crudo venezolano vuelva a fluir con más libertad hacia los mercados internacionales. La supervisión de Christopher Wright sugiere que este proceso es parte de un acuerdo más amplio, donde el petróleo vuelve a ser la principal herramienta de negociación geopolítica del país.
Preguntas frecuentes sobre la apertura energética de Venezuela
¿Qué es el Proyecto Dragón y por qué es tan importante?
Es un desarrollo de gas marino masivo con reservas de 4,5 billones de pies cúbicos. Su importancia radica en que permitiría a Venezuela diversificar su producción energética y generar ingresos rápidos mediante la exportación de gas, aprovechando su ubicación estratégica cerca de Trinidad y Tobago.
¿Cómo afecta la reforma de la ley de hidrocarburos a las exportaciones?
La reforma aprobada por la Asamblea Nacional elimina barreras legales que impedían la exportación directa de crudo por parte de empresas privadas o mixtas. Esto permite que el petróleo venezolano llegue a más mercados sin depender exclusivamente de la burocracia centralizada de PDVSA.
¿Qué papel juega Estados Unidos en este proceso?
Estados Unidos actúa como regulador y supervisor. A través del Departamento del Tesoro, otorga licencias específicas a empresas como Shell y Chevron para operar en Venezuela, mientras que el Secretario de Energía, Christopher Wright, supervisa la transparencia y el flujo de las inversiones.
¿Por qué se dice que esto rompe con el chavismo tradicional?
Porque el modelo tradicional se basaba en la nacionalización y el control absoluto del Estado sobre los recursos. La estrategia de Delcy Rodríguez, en cambio, prioriza la inversión extranjera, las alianzas público-privadas y la apertura a capitales internacionales para dinamizar la industria.